Carta de Dª María Jesús Cava

Queridos socios y asociados:

La carta enviada por el Presidente de la Sociedad Bilbaina me anima a expresar con gratitud mi felicitación más sincera por esta iniciativa. Quiero entender que el gesto canaliza un deseable espíritu solidario y de comunicación entre todos nosotros, socios y socias, asociados y asociadas. Aún más deseable en estos momentos, en los que la reflexión fluye y se expresan ideas, propósitos y sentimientos.

Los historiadores no nos limitamos a describir, por eso la crisis vigente nos obliga a practicar análisis social. Y en verdad, uno de los aspectos más dramáticos de la respuesta ante el azote epidémico es el deseo de asignar responsabilidades. Desde tiempos medievales hasta el mundo global de nuestros días, siempre encontraremos a alguien a quien señalar como culpable. La letanía de brotes epidémicos que padeció la Humanidad -como la Historia demuestra- actualmente es recordada por los medios de comunicación como un mantra. También la psicología colectiva del miedo ha tenido, históricamente, un protagonismo excepcional en muy diversas circunstancias. Hoy mismo, muchos consideran estos eventos de tipo Bíblico como una advertencia Providencial. Pero el aprendizaje que debiéramos gestionar con sabiduría, a mi parecer, consiste en sopesar riesgos y evaluar la magnitud de la amenaza, sin incurrir en milenarismos autodestructivos.

Ian Goldin ha escrito un nuevo trabajo titulado Terra Incognita, titulo sugerente, pero nada original. El subtítulo es lo que verdaderamente da significado a su propósito: 100 mapas para sobrevivir durante los próximos 100 años. Muy en línea con la provocativa táctica editorial anglosajona, hábilmente marketinista, el ex Vicepresidente del Banco Mundial ha vuelto a dar su particular versión sobre los retos de la globalización y un nuevo Renacimiento. El catedrático Ian Goldin es actualmente director de la división Oxford Martin School de la Universidad de Oxford y profesor de “Globalización y Desarrollo”. Como sucede con muchos sénior mantenidos en las universidades anglosajonas de vitola, a él le pagan por  pensar... Llevo días en los que, además de recibir memes muy memos y de intercambiar estimulantes opiniones, he pensado también -en pequeño formato, he de ser modesta- que podría sacar conclusiones y aportar mi propia lectura respecto del momento histórico al que asistimos. Thomas Mann y su novela La Montaña Mágica habían resurgido en mi memoria mientras tomaba un rato de sol desde el mirador de mi domicilio urbano. Y mimeticé repentinamente la sensación de aquellos reposos forzosos que los enfermos convalecientes hacían en románticos centros balnearios durante siglos pasados. Me asaltó cierta melancolía. Lo rematé escuchando de manera fortuita a Mahler y su Lied, sobre un poema de Friedrich Rückert compuesto en agosto de 1901. Obra que narra el abandono voluntario del mundo y la reclusión espiritual que decidió el compositor retirándose en los Alpes, tras superar una enfermedad. Desafortunadamente, no experimenté ninguna bocanada inspiradora, al contrario a punto de sentirme aún más confusa, opté por hacer algo práctico: decidí revisar carpetas y documentos acumulados durante años. Así que gracias al confinamiento he podido decidir su suerte. Porque expurgar papeles me sigue relajando. Gracias a ello he recuperado cartas interesantes escritas en papel, sobres con matasellos de lugares remotos, notas, referencias de prensa, postales de viajes, etc. Y de pronto, releyendo un texto, me he dado de bruces con una cita de Unamuno que se me antoja muy unamuniana. Es la tópica y telúrica de quien habla con devoción de lo suyo… Entre tantos temas, la pintura; y en concreto, la pintura de Adolfo Guiard -alma que se confundía con la naturaleza, decía el de la calle Ronda-. Sí, Guiard, un valor que por suerte disfrutamos en nuestra Sociedad Bilbaina.

Esa frase de Don Miguel quiero entenderla -de manera libérrima- como metafísicamente chirene, y es: “Se ha dicho de la vaca que su estado de conciencia no es sino la visión y acaso el olfato del campo en que pace”. Y ¡como negarlo, lo dijo Unamuno!

Creo, en verdad, que nuestro estado de conciencia es en estos momentos, una suerte de extraño vademécum donde se mezclan en el campo en que pacemos, informaciones, relatos, argumentos y estrategias muy contrapuestos; y que dan lugar a la zozobra nuestra de cada día, mientras la enfermedad y sus circunstancias sigue carcomiéndonos.

Pese a todo, creo posible la reinterpretación positiva del caos. Y espero que los distintos músicos de la orquesta consigan que el director siga la partitura, sin desviarse ni una nota. Por ello, con la inevitable invocación a la protección divina, en la que confío al igual que en la Ciencia, os envío mis mejores deseos.

Mi última conferencia en ese recinto, donde el aroma inglés nos invadía por obra y gracia de lo que siempre he calificado cultura “bilbo-british”, me hace pensar que más pronto que tarde disfrutaremos de esos magníficos espacios de sociabilidad de la calle Navarra, con garantía de valorar -aún más- lo que significa “seguir en Sociedad”. Cuidémonos mientras tanto.

Un abrazo muy sincero.

María Jesús Cava Mesa
CATEDRÁTICA UD, HISTORIADORA Y SOCIA

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