Carta de D. JOSÉ RAMÓN LIZARRAGA OCHOA

Queridos consoci@s y amig@s:

Da la impresión que la sociedad bilbaína, la de esta Villa, ya ha anticipado vivir en el post 21 de junio. Hemos asumido la “nueva normalidad” sin saber muy bien los detalles y novedades que implica, con cierta prevención e incertidumbre, pero confiados en poder improvisar sus exigencias, esperando con una confianza ciega, casi de fe, en ese progreso tecnológico que será capaz de facilitarnos una segura vacuna que nos vuelva a dar la tranquilidad que añoramos.

Nuestras calles se ven de nuevo concurridas y las terrazas de los bares con lista de espera, señal de nuestra férrea voluntad para recuperar nuestro modus vivendi, o de nuestra preferencia colectiva por disfrutar del hoy e ignorar las voces de quien advierte sobre lo que está por venir o sobre los riesgos de fractura social que pueden sobrevenir tras una recuperación de la crisis no tan rápida o no tan total como deseamos.

No me atrevo a hacer prospectiva. El futuro es complejo y no se necesita mucha imaginación para elaborar los más sombríos escenarios, pero creo que nada aporta el pesimismo ni la resignación. Nuestra sociedad es fuerte y competitiva, las instituciones de las que nos hemos dotado para que intervengan en nuestra realidad económica, poderosas, y las armas que tienen a su disposición son potentes y debieran ser capaces de transformar la realidad en que vivimos.  Y nosotros, como ciudadanos y miembros de la sociedad civil, tenemos la obligación y el derecho de exigir eficacia en su funcionamiento, pero también tenemos la responsabilidad moral de cubrir, desde nuestra iniciativa y libertad, los espacios de interés común que veamos desatendidos.

En estos meses, las organizaciones de la sociedad civil han dado ejemplo, una vez más, de su iniciativa, resiliencia y capacidad para movilizar el esfuerzo colectivo, poniendo de manifiesto el importante papel que desempeñan en la generación de cohesión y estabilidad social. Según datos proporcionados por el Observatorio del Voluntariado, el número de voluntarios en España creció de forma exponencial desde que estalló la pandemia y cifra en 4,5 millones el número de personas que han colaborado desinteresadamente durante esta emergencia, de las cuales, más de 1,5 millones ya formaban parte de entidades de acción social. Quiero por lo tanto aprovechar estas líneas para reconocer y agradecer su labor, y para manifestar el orgullo que siento, como ciudadano, de contar con una red de organizaciones capaces de responder con la agilidad y eficacia necesaria en situaciones límite.

Este esfuerzo colectivo tiene muchos nombres propios que están en la mente de todos: Cáritas, el Banco de Alimentos, infinidad de ONGs, pero también muchos otros colectivos (amas de casa, comunidades empresariales, grupos de jóvenes y equipos universitarios…) que se han visto interpelados como ciudadanos y han respondido en consecuencia. Hoy, han sido la pandemia y la urgencia sanitaria las que han requerido el esfuerzo; mañana, pueden ser otros los focos de actuación. Lo importante es disponer de los vehículos adecuados para canalizar los esfuerzos e iniciativas.

Los intereses de la sociedad civil son tan amplios que sus organizaciones atienden temas tan diversos como la religión, el deporte, la innovación y el conocimiento, la cultura, la música, el deporte, el entretenimiento….y, cuanto más rica y diversa sea esta pléyade de organizaciones, más fuerte y cohesionada será la sociedad resultante porque los ciudadanos se sentirán co-partícipes en el diseño y construcción de su futuro.

He de confesar que no soy bilbaíno (aunque me tranquilizan diciendo que “los bilbaínos nacen donde les da la gana”), así que no puedo dejar de mencionar mi condición navarra y ello trae a mi memoria el lema de los Infanzones de Obanos: "Pro libertate patria gens libera state". Es de difícil y controvertida traducción. Permítaseme la mía: "Los ciudadanos libres son los que permiten/aseguran la libertad de la nación".

Son estos valores, de individuos libres y solidarios, como lo fueron, en aquellos siglos de la Baja Edad Media, estos nobles coaligados por la libertad frente al poder absoluto del rey, los que debemos cultivar con esmero. Esa conjunción de libre criterio y solidaridad es la que ha hecho viable que ciertas iniciativas sociales hayan alcanzado en Bilbao el honor de ser centenarias, manteniendo los valores individuales y la solidaridad de intereses que las hicieron nacer.

Me refiero, por supuesto a esta Sociedad Bilbaina con sus 180 años de vida, y también a la Sociedad Coral de Bilbao, y a la Sociedad Filarmónica de Bilbao, ambas centenarias, y a otra que también lo llegará a ser, la Asociación Bilbaína de Amigos de la Opera, todas ellas instituciones privadas, abiertas a la sociedad, libres en sus criterios y solidarias con su entorno.

Manifiesto con orgullo mi afiliación a todas ellas, exponentes destacados en el ámbito de la cultura, que contribuyen a potenciar la realidad y la imagen de un Bilbao abierto al mundo. También ellas han sufrido los efectos de este confinamiento, pero nos están demostrando su resiliencia y su espíritu de cooperación. Toca agradecer a la Sociedad Bilbaina que nos haya trasladado a los socios las sugerencias que la Sociedad Filarmónica de Bilbao hacía en sustitución de los conciertos programados que no podían tener lugar presencialmente, las ofertas on line de ABAO, y la inminente oportunidad que tendremos de escuchar a la Sociedad Coral de Bilbao interpretando el Requiem de Fauré como evento de cierre del FS Forum, por cierto organizado por otra joven y experta iniciativa, también de origen bilbaíno, como es la Fundación Fair Saturday en colaboración con la Fundación  BBK, el Ayuntamiento de Bilbao y la Diputación Foral de Bizkaia.

A todas estas instituciones, y a todos aquellos que, a través suyo, derrochan esfuerzo y generosidad, mi agradecimiento por su aportación. Y ánimo, para que sigan difundiendo con su buen hacer los valores de la concordia, la colaboración y la libertad.

José Ramón Lizarraga Ochoa
SOCIO Y TAMBIÉN MIEMBRO DE ABAO, DE LA SOCIEDAD FILARMÓNICA Y COLABORADOR DE LA CORAL

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