Carta de D. José Ramón Blanco

Queridos socios y asociados:

Accedo gustoso a la sugerencia de nuestro Presidente para escribir unas palabras con ocasión del confinamiento a que nos vemos obligados. Otros  amigos y socios lo han hecho con brillantez y acierto.

Nos estamos perdiendo muchas cosas. En estos días de Pascua el campo está hermoso. Los árboles estrenan hojas nuevas de un verde brillante. En los jardines de Bilbao hay tulipanes. Los castaños de indias tienen flores en forma de conos. No podemos pasear por las playas ni ver el mar. Y no podemos ir a la Sociedad Bilbaina.

Cuando por la edad nos retiran de lo que ha sido nuestra profesión habitual podemos dedicarnos –como dijo Ortega y Gasset en su ensayo sobre Mirabeau– a más finos menesteres, por ejemplo leer y escribir. Y ahí está la hermosa Biblioteca de la Sociedad Bilbaina. Yo le estoy agradecido a esta Biblioteca porque en ella escribí dos de mis últimos libros: Las biografías de Ramón de Basterra y de Fernando de la Quadra Salcedo. El primero, poeta, diplomático y autor de dos grandes ensayos: La obra de Trajano y Los navíos de la Ilustración. El segundo, poeta, genealogista, historiador y socio de la Sociedad Bilbaina. Originalísimo personaje que reclamaba, con algún fundamento histórico, el trono de Navarra, y el trono de Andorra disputándoselo a Boris I, el aventurero que convenció a los ciudadanos de aquel país para que le nombraran rey. Los dos biografiados pertenecían, junto a Rafael Sánchez Mazas, a la llamada Escuela Romana del Pirineo. En la Biblioteca encontré todas  sus obras y prácticamente todo lo que se había escrito sobre ellos. También en la Biblioteca preparé una edición corregida de todos mis libros de poesía y una novela histórica sobre Lucrecia Borgia, la hija del papa español Alejandro VI, tan injustamente tratada en la historia.

En la entrada, al llegar a la Sociedad, en el Bar Inglés, te encuentras con empleados amabilísimos, con socios y amigos, con escritores y profesionales. Pasas por los salones viendo la magnífica colección de pinturas y obras de arte de su patrimonio. Al atardecer en el gimnasio te encuentras a socios generalmente más jóvenes. Conciertos, conferencias, presentaciones de libros y un sinfín de actos más… Además, los terceros viernes de mes se celebran en la Bilbaina los capítulos y cenas de ese club cuasimasónico que es el Saguzar. ¿Se puede pedir más?

Esperemos que la epidemia termine pronto, que superemos sus consecuencias y que de todo esto surja un mundo más fuerte y más solidario. Que la Sociedad Bilbaina, que nació como un club de lectura y recreo, con una vocación cultural, tenga una larga y fructífera vida. Y que pronto podamos encontrarnos físicamente en ella.

Un abrazo a todos.

José Ramón Blanco Fernández
VOCAL

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